Más allá de corregir la ortotipografía, el estilo o la coherencia terminológica y editorial, un profesional de la corrección de textos médicos realiza comprobaciones muy específicas que solo puede llevar a cabo alguien con experiencia en este ámbito.

Son revisiones que requieren valorar el contexto, relacionar la información y aplicar criterios editoriales; aspectos que una herramienta de inteligencia artificial no puede garantizar por sí sola.

Algunos ejemplos:

Coherencia terminológica y criterios editoriales

  • Adaptación al libro de estilo de la editorial o sociedad científica.
  • Revisión de la terminología médica según fuentes de referencia como el Diccionario panhispánico de términos médicos (DPTM) y el Libro rojo de Fernando Navarro.
  • Unificación de la nomenclatura para mantener criterios coherentes en todo el documento (por ejemplo, utilizar siempre «insuficiencia cardiaca» y no alternarla con «fallo cardíaco» si ese es el criterio editorial).
  • Revisión de la escritura correcta de fármacos y medicamentos según fuentes de referencia (AEMPS y Termcat), así como de microorganismos, genes, proteínas, escalas y pruebas diagnósticas.
  • Comprobación del desarrollo correcto de siglas y acrónimos en su primera aparición en el texto, su uso coherente posterior y la uniformidad de las abreviaturas en el texto, tablas, figuras y sus pies.

Normalización editorial

  • Aplicación de normas de citación y referencias bibliográficas (Vancouver, APA, etc.).
  • Revisión y completado de bibliografías cuando sea necesario.
  • Verificación de enlaces bibliográficos cuando forme parte del encargo.
  • Aplicación de criterios de lenguaje inclusivo según las directrices editoriales.

Este es precisamente el valor añadido que aporta un corrector especializado: mejora la forma del texto y ayuda a garantizar su precisión, coherencia y calidad editorial.